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Detección de la retinopatía diabética

Normalmente los pacientes con este mal no experimentan ninguna alteración en la vista que les avise lo que les está sucediendo. A lo máximo lo único que notan son unas pequeñas “manchas” de sangre que parecen estar flotando. Si esto sucede, necesitan acudir inmediatamente al oftalmólogo para tratarlas antes de que se produzca una hemorragia más grave. Incluso aunque las manchas flotantes desaparezcan por sí solas, deben acudir al médico porque el sangrado puede volver a repetirse.

El problema puede ser diagnosticado con un análisis total de la vista que incluye una prueba de agudeza visual, un examen con dilatación de pupila o una tonometría que mide la presión en el interior del ojo. Con estas pruebas, el doctor buscará indicios de vasos sanguíneos que goteen, de inflamación en la retina, daños en el nervio óptico o cualquier depósito anormal que indique que se están produciendo filtraciones de líquido. Es posible que el oculista también ordene realizar una angiografía, técnica que permite fotografiar con gran detalle los vasos sanguíneos del ojo.

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